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Venezuela: soberanía secuestrada y silencio cómplice ante la captura de una mujer sin poder

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    PrensaFMSantader
  • 6 ene
  • 2 Min. de lectura

EDITORIAL:

Por: Hernando Angarita Carvajal

Periodista – Medio alternativo, comunitario e independiente


La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro no solo constituyen una violación flagrante del derecho internacional, sino que confirman una peligrosa regresión hacia prácticas coloniales que América Latina creía superadas. Bajo el discurso de la “transición democrática”, Washington ha optado nuevamente por la fuerza, el atropello y la imposición, desconociendo principios básicos como la soberanía de los pueblos y la autodeterminación de las naciones.

Pero si el secuestro de un jefe de Estado ya representa un hecho de extrema gravedad, la detención de Cilia Flores, primera dama de Venezuela, cruza una línea aún más oscura. Se trata de un acto sin precedentes históricos, difícil de justificar desde cualquier marco jurídico, político o humanitario. Cilia Flores no ejerce funciones de mando militar ni de gobierno, no dirige instituciones del Estado ni toma decisiones estratégicas. Su captura no responde a la lógica del derecho, sino a la del castigo, la intimidación y la humillación.

Aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria:

¿Por qué detener a una mujer sin poder efectivo?

La respuesta parece evidente: porque el objetivo no es la justicia, sino el escarmiento. No es la legalidad, sino el mensaje. No es la democracia, sino el sometimiento.

Más grave aún resulta el silencio ensordecedor de muchos gobiernos, organizaciones internacionales y, de manera particular, de buena parte de los movimientos y organizaciones de mujeres a nivel mundial. ¿Dónde están las voces que, con razón, se alzan frente a cualquier forma de violencia política contra las mujeres? ¿Por qué en este caso la indignación parece selectiva? El feminismo no puede ser geopolíticamente conveniente ni moralmente condicionado.

La captura de Cilia Flores no es solo un agravio personal; es un precedente peligrosísimo: mañana podrá justificarse la detención de esposas, hijos o familiares de cualquier gobernante incómodo bajo el argumento de la “seguridad internacional”. Cuando eso ocurre, el derecho deja de existir y la fuerza se convierte en ley.

Estados Unidos, al anunciar que gobernará Venezuela hasta que considere “adecuada” una transición, revela sin ambigüedades su verdadera intención: convertir a Venezuela en un territorio tutelado, subordinado, una colonia moderna administrada desde el norte. No se trata de liberar a un pueblo, sino de controlar un país estratégico y sus recursos naturales.

En este contexto, resultan pertinentes y necesarias las voces que, como la del expresidente Andrés Manuel López Obrador y varios gobiernos de la región, han rechazado estas acciones. Defender el derecho internacional no es defender a un gobierno en particular; es defender un principio que protege a todas las naciones, especialmente a las más vulnerables.

Hoy Venezuela. Mañana cualquiera.

Cuando se normaliza el secuestro, el silencio se convierte en complicidad y la neutralidad en traición a los valores democráticos que tanto se proclaman.




 
 
 

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